DIETA EQUILIBRADA
No hay tema más controvertido en el campo de la dietética que el de fijar unas referencias que se acepten universalmente sobre cuál debe ser la dieta óptima para el ser humano. Por una parte, cada grupo étnico tiene un comportamiento a nivel nutricional tan diferente como su tipo de pelo o de piel. Por otra, los alimentos son diferentes en cada parte del globo.

En lo único que todo el mundo está de acuerdo es en que una
dieta
equilibrada es aquella que contiene todos los alimentos necesarios para
conseguir un estado nutricional óptimo. Este estado de gracia nutricional es
aquel en que la alimentación cubre los siguientes objetivos:
2 Los glúcidos nos aportarán al menos un 55-60 % del aporte calórico total.
3 Los lípidos no sobrepasarán el 30 % de las calorías totales ingeridas.
Algo en principio muy sencillo, pero que aún hoy en día es el campo de batalla de tres o cuatro cuartas partes de la humanidad.
Cuando se consigue el primer punto con una dieta mixta (carne o lácteos y
huevos con vegetales frescos), es bastante fácil que el segundo se complete
también en cuanto a las proteínas. Aunque normalmente más bien se supera. Si
se sigue una dieta vegetariana estricta es posible tener problemas para alcanzar
el mínimo
proteico necesario, pero no se tendrán problemas con la mayoría de los
minerales y vitaminas si se consumen vegetales variados. Sin embargo, sí es muy
probable tenerlos con la vitamina B12 o con el hierro
y el calcio.
Para asegurarnos que no sufrimos carencias en nuestra
dieta, existen tablas con las necesidades mínimas de los nutrientes esenciales
(como las que incluimos con los requerimientos de proteínas,
de vitaminas o de minerales),
pero es difícil ser consciente de cuales son los nutrientes incluidos en cada
uno de los alimentos que consumimos cada día. Para ello deberíamos pesar y
anotar cuidadosamente la composición de cada comida a lo largo del día.
Después consultaríamos las tablas de composición de alimentos que se
editan en nuestro país y tras llevar a cabo algunos cálculos, compararíamos
los resultados con los de las tablas de necesidades mínimas que hayamos
elegido. Así sabríamos si estamos cubriendo nuestras necesidades reales de
proteínas, aminoácidos y ácidos grasos esenciales, vitaminas, minerales,
fibra, etc. Este método funcionaría siempre y cuando hubiéramos pesado bien
cada alimento, no nos hubiéramos equivocado en ningún cálculo y todas las
tablas que hubiéramos utilizado fuesen correctas, ya que cada día están
cambiando los criterios.
Puesto que en la realidad este método no resulta muy práctico, parece más
sensato dar unas recomendaciones generales que aseguren el cumplimiento de la
mayor parte de las premisas que definen una buena alimentación. En este
sentido, la Comisión de Nutrición del Senado de los EE.UU. difunde
periódicamente unas recomendaciones dietéticas generales aplicables a
prácticamente todas las personas sanas.
A continuación reproducimos un resumen de las últimas RDA
de 1996:
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Quizá, solo habría que añadir que los alimentos deben estar libres
de contaminantes tóxicos o peligrosos resultantes del proceso de producción y
distribución en la industria alimentaria de nuestros días.
En los estudios llevados a cabo en España sobre la calidad de nuestra dieta se ha llegado a la conclusión de que, si es verdad que estas recomendación son aplicables también a nosotros (que parece que lo son), la dieta de los españoles e iberoamericanos deja todavía mucho que desear.
Comparando nuestros hábitos alimentarios con las recomendaciones
RDA que hemos expuesto, se llega a las siguientes conclusiones:
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También se han detectado carencias y subcarencias de vitamina A y B2 en niños gallegos y de vitamina C en poblaciones marginadas, niños y ancianos. El déficit de Zinc se está empezando a detectar en cada vez mayor parte de la población y el consumo de alcohol parece que va en aumento.
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