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EL ORIGEN DE
UNA TRADICIÓN
Pocos placeres culinarios tienen un origen
tan popular como el del jamón serrano. En efecto, fue la necesidad de
curar la carne para conservarla la que motivó, hace siglos, el origen de
nuestros jamones. La experiencia y la sabiduría artesana enriquecieron
este alimento del que, en ocasiones, dependía toda una familia. Reconocido
y disfrutado históricamente por nobles, cortesanos y reyes, siempre
mantuvo su vínculo con la cultura popular; hasta nuestros días que
continúa satisfaciendo los paladares más exigentes.
UN PRODUCTO AL
ALCANCE DE TODOS
Según una vieja leyenda, son tres los duendes
virtuosos que convierten al jamón, en un prodigio del arte gastronómico:
la imaginación, la experiencia y el tiempo. Un arte algo más cercano, la
comercialización del jamón, comenzó a finales del siglo pasado. Desde
entonces, la tradición se ha unido a la tecnología y la investigación. El
equilibrio entre artesanía, técnicas de producción y distribución ha dado
respuesta a la actual demanda. Gracias a esta evolución, el consumidor de
hoy se beneficia de todas las garantías de servicio, precio y, sobre todo,
calidad.
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EL JAMÓN,
ENERGÍA NATURAL
La dieta
más sana, equilibrada y nutritiva es la mediterránea. Y una
referencia clave para disfrutar esta dieta, es el jamón serrano. No
sólo es sabroso y suculento, sino que sus propiedades específicas lo
definen como un alimento único en el mundo. Ofrece un generoso
aporte de vitaminas del grupo B, especialmente la B1, la B2 y sobre
todo, la Niacina. Tan sólo 100g de jamón proporcionan el 24% del
consumo diario recomendado de esta vitamina. De esta forma, cuando
comes jamón estás contribuyendo al buen funcionamiento de tu
metabolismo y, sobre todo, ayudando a prevenir ciertas
enfermedades.
Contiene un
50% más de proteínas que la carne fresca. Para hacernos una idea,
100g de jamón serrano equivalen al 33% del consumo diario de
proteínas recomendado. Y son estas proteínas las que favorecen el
crecimiento y la renovación de tejidos, por lo que el jamón serrano
es especialmente recomendable para niños y personas
mayores.
Es rico en hierro, magnesio, zinc y calcio, pero sobre todo
en fósforo, aportando el 30% del consumo diario recomendado. Pura
energía. La grasa del jamón tiene una característica importante: el
ácido graso mayoritario es el oléico, característico del aceite de
oliva. Esto facilita la producción de HDL ("colesterol bueno") en el
organismo, reduciendo al mismo tiempo el LDL ("colesterol malo"). El
contenido en colesterol total es de 70 miligramos por cada 100 grs.
de jamón (recordemos que el consumo máximo recomendado por la
Organización Nacional de la Salud es de 300 miligramos de colesterol
por día). Y debido a su proceso natural de elaboración (el jamón
serrano no lleva aromatizantes ni colorantes), su aroma y sabor permanecen
inalterables sin necesidad de una conservación especial. Listo para
comer.
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¿Algo más? Sí, aporta alrededor de 200 Kcal. por cada
100g., por eso es altamente recomendado en dietas modernas de
adelgazamiento.
Gracias al jamón serrano puedes perder peso, ganando en
salud.
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