Roland Garros 1999 Agassi campeón

 

Roland Garros 1999

Agassi campeón tras espectacular remontada

 

LAGRIMAS SOBRE PARÍS              

  Eduardo A. Poza 

 

 

 

Fueron dos minutos de llanto continuo y sentido, con él lloraban muchos, cientos, miles de espectadores en París y en el mundo a través de sus televisores.

En esas lágrimas de Andre Agassi, estaban las frustraciones de las finales de 1990 y 1991 ante Gomez y Courier, la pérdida de la batalla por el ránking de la década que se lo llevó Sampras con comodidad, el abismo del puesto 140º a fines del 97, los callos del esfuerzo por volver jugando torneos de poca monta casi sin público, el sacrificio por bajar kilos y ponerse en forma, su divorcio de Brooke Shields, el accidente de la hija de su mejor amigo y preparador físico, Gil Reyes…

Pero también estaban la medalla olímpica obtenida para su país en Atlanta, los títulos de Grand Slam: Wimbledon 92 US Open 94 y Australia 95, la Copa Davis junto con el equipo de los Estados Unidos, los torneos de Super 9, y las ganas de ganar cuando tenía todo para perder la final más emocionante que Roland Garros recuerde.

El match le fue adverso desde el principio, su oponente el ucranio Medvedev, de 24 años, 100º del mundo, 11 Títulos ATP, un jugador casi olvidado por sí mismo, que supo de halagos en 1994 alcanzando el 4º puesto en el ránking pero que luego disipó sus entrenamientos y calidad natural para el juego y ha vuelto por amor a ser lo que debe ser, (confesó que la tenista alemana Anke Huber es su musa) un excelente estratega, un pulcro técnico, un maestro del toque y del drop que tiene las armas para estar arriba. Y esto lo aplicó a la perfección en los dos primeros sets de juego, matizando su regularidad con un servicio (23 aces, cifra altísima para polvo) que sin ser poderoso fue sumamente preciso y molesto para Agassi que deambulaba a la vera del court sin encontrar la brújula que lo ubicara dentro de tan importante final.

Andre fallaba uno tras otro sus tiros, padecía y su rostro desencajado suplicaba respuestas que no sólo él, nadie tenía: - " Sentí vergüenza por los que me apoyaban, los estaba traicionando…"

Medvedev, un Stradivarius de talento, se llevó los dos primeros sets en apenas 53 minutos(6/1 6/2). La final era demasiado obvia, con un solo protagonista, todos presentían un rápido final casi sin lucha. Fue entonces cuando el aliento para el norteamericano creció, la gente quería un final digno para el más popular de los tenistas. En el tercer set cuando estaban 4-4 el ucranio tuvo un break para quebrarle el servicio de Agassi y sacar para ganar entrando en la historia pero no lo supo aprovechar, el prodigio de Las Vegas comenzó a jugar como en sus mejores tiempos, empezó a pensar y a dominar psicológicamente a su rival. Esto encendió al público que siempre de su lado comenzó a ovacionar uno a uno sus tantos.

El americano se llevó el tercer set por 6/4, y pese a tener un 3-1 en contra en el cuarto ni él ni nadie se sobresaltó, tenía demasiadas derechas que inventar, decenas de devoluciones ganadoras, reveses precisos y molestos, y hasta voleas "australianas" en su repertorio de genio trascendental. (6/3 Y 6/4 en el 5º).

Luego de 2 horas y 53 minutos Andre Agassi resucitó para sí un partido perdido, y lo más lindo fue que preguntado al borde del terreno cómo lo había hecho, simplemente respondió: " no lo sé…"

Realmente hay cosas en esta vida, que muchos intentan que sea tan racional, que no tienen explicación, mejor dicho, no la tienen si se las explica desde ese punto, Agassi ganó con su alma, desde el corazón y no hay siquiera explicación que valga más allá del fenómeno que ello provocó en su juego.

Andre - 41 títulos ATP- se convierte en uno de los cinco elegidos que han ganado los 4 torneos más importantes que conforman el Grand Slam, Fred Perry, Donald Budge, Roy Emerson y Rod Laver. Si bien no los ha conquistado todos en un año como lo hiciera en 1962 el australiano Laver, su mérito es grande ya que es el único jugador de la historia que ha ganado en cuatro superficies distintas (pasto, decoturf, rebond-ace, y tierra) ya que los maestros anteriores sólo lo hicieron en tierra y césped.

Pero aún es más grande por su actitud, de llorar, de emocionarse como un novicio, de abrazar a su rival que también lloraba su derrota, y decirle al mundo conquistado: " esta victoria cambiará mi vida para siempre, es lo más grande que podía lograr…"

Cuando le tocó el turno de recibir el 2º premio Andrei Medvedev un caballero del deporte blanco expresó: " es un honor para mí haber estado contigo en esta final, Andre…"

Esto hizo que Agassi se acercara para abrazarlo y ambos volvieran a dejar lágrimas sobre el suelo parisino en una de las escenas más conmovedoras de la historia de los Grand Slams.

Luego el ganador declaró :" lo que pasó con Steffi y su victoria me inspiró".

 

GRAF CAMPEONA

 

Realmente la final femenina del Sábado fue otro hito en la historia del tenis que le pone un broche de oro al último Roland Garros del siglo.

Steffi Graf ganadora de 22 torneos de Grand Slam, volvió por sus fueros y a tope, conquistando lo que merecía. Dio vuelta un partido increíble y soportó estoica las impertinencias, irrespetuosidades, trampas e histerias de Hingins.

La nacionalizada suiza comenzó a desplegar un arsenal de gestos antideportivos cuando parecía controlar el partido. Protestó una bola dudosa y pese a ser advertida, cruzó hacia el otro lado de la red donde se hallaba Graf para marcar lo que ella quería que le marcaran, pero terminó marcada para siempre en París, la gente comenzó a vivar a Steffi y a reprobar cada mueca de Martina que fue sancionada con un punto en contra y en contra se le vino el mundo.

Graf quebró el game del servicio de Hingins que la hubiera llevado a ganar su primer Roland Garros, con la sabiduría de los dioses, los que juegan desde el cielo cuando el court es un infierno.

Comenzó a pegar la derecha como en los viejos tiempos, su derecha potente, rectora, perfecta. Se puso 3-0 en el tercer set ganando seis juegos seguidos y afinando su servicio triunfó finalmente por 4/6 7/5 6/2 en casi dos horas y media.

Fueron vergonzosas las actitudes pueriles, contumaces e irreverentes de Martina Hingins y su madre, Melanie Molitor e incluimos a ésta por ser la principal artífice en la creación de este monstruo prodigio que no soporta presiones ni fallos que se le escapen de su corto alcance. Molitor ha creado a la novia de Frankestein tenística, y lo peor, a perdido su dominio y su camino. Por el bien del tenis y del deporte, deberán reflexionar y tomar lo sucedido como una lección para los tiempos futuros, cerca aún están los tristes casos de J. Capriatti y otras chiquillas adolescentes que cayeron en peligrosas redes de las cuales muchas aún no han podido salir.

El tenis es algo más que ganar a cualquier precio demostrando desprecio por todo lo que hay en derredor. Hingis antes del partido declaró que Graf estaba vieja y caduca y que su tiempo ya había pasado, además menospreció al público francés diciendo que poco entendía de su juego y de tenis. Al comienzo del tercer set dejó la cancha para ir al vestuario a arreglarse el pelo y enfriar a Steffi, pero no le sirvió, como tampoco el ganarle un punto sacándole de abajo - gesto éste permitido reglamentariamente pero que sólo se realiza cuando un jugador está lesionado -. Cuando finalizó el partido la suiza huyó envuelta en llanto para luego ser traída casi a la rastra por su madre y evitar una sanción que la hubiera enterrado en un desprestigio histórico.

Graf ha entrado en el paraíso de los más grandes del deporte, su porte, su belleza, su estampa de fortaleza ante la adversidad, sus piernas, que son las mejores del circuito, su mente clara para resolver momentos difíciles de su vida como el encarcelamiento de su padre por fraude fiscal, sus serias lesiones, sus cuatro operaciones que la tuvieron al borde del retiro en 1998, la han hecho grande, y tal es su grandeza que luego de levantar la Copa se dirigió a Hingins que lloriqueaba sin cesar para decirle: "Martina eres una gran jugadora, no te preocupes porque estoy segura de que vas a tener muchas oportunidades de ganar".

En el recuerdo quedará el partido en que Sampras derrotó al ignoto costarricense Juan Marín, con puntos que duraron siglos, caídas y esfuerzos extenuantes. Luego Pete, perdería con un inspirado Medvedev fácilmente en la tercera ronda del torneo. También el favorito brasileño Kuerten no pudo con el jugador ucranio que lo derrotó sin atenuantes (7/5 6/4 6/4).

Para el tenis argentino, el balance es agridulce, hacía años que no había tantos argentinos en el cuadro principal, cumplieron pese a todo, fueron hasta donde pudieron con excelentes actuaciones como las de Gastón Gaudio que viniendo desde la clasificación derrotó a Karbacher para luego caer en apretado encuentro con Corretja, el finalista del año pasado. Franco Squillari complicó en su primer partido al campeón Agassi y Zabaleta a quien el ganador de 1998, Moyá, ubicó como uno de los candidatos días antes del comienzo del torneo, no pudo sobrellevar la lesión que le impidó proseguir la final de St. Polten con Ríos.

Pero en la categoría Individual Juniors dos argentinos llegaron a la final, dos realidades que darán que hablar cuando pasen a jugar con los mayores: Guillermo Coria, que tiene en su juego una mezcla de Ríos con Agassi, eminentemente "polvero" y David Nalbandian, ganador del US. Open 98, con un juego de mayor potencia y resto físico pero no tan paciente desde el fondo.

El santafesino Coria se llevó esta final entre amigos en dos sets (6/4 6/3) repitiendo lo sucedido en 1995 con Zabaleta que ganó sobre Puerta.

Por el lado de los españoles, cuyas posibilidades como el año anterior eran grandes, ni Moyá último campeón estuvo a su altura (Agassi lo liquidó sin pasión), ni Corretja, finalista del 98 aquejado por una alergia pudo llegar, cumpliendo Berasategui ( derrotó a Henmann 7º)pese a sus limitaciones un digno papel. Mantilla cayó ante la sorpresa del torneo el argentino nacionalizado brasileño Fernando Meligeni que batió además a Rafter (2º ATP) y A Corretja (8º ATP) para sucumbir en semifinales con Andrei Mevdevev en un partidazo que mantuvo en vilo a los espectadores que ovacionaron la salida de ambos jugadores.

Roland Garros ha pasado pero quedan las ganas de Meligeni y las dignas virtudes de Medvedev, los desencantos del chileno Ríos y la francesa Mary Pierce, los puros sueños del argentino Guillermo Coria y la gallega Lourdes Domínguez, las payasas arrogancias de las Wiliams, la pútrida rabia de Hingins, las risas de los ganadores y también quedan de dos grandes campeones lo que los hace más grandes, lo que el bronce no podrá reflejar, aquello que traemos cuando nacemos, lo que se oculta o se reprime sin un porqué, y lo que tengo en estos momentos en mis ojos al recordar estas finales que emocionan y hacen llorar…  

 

 


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